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Escultura
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Comencé hace varios años, haciendo cursos para vender productos de belleza.
Sentí que ese era mi terreno.
Allí seguí estudiando todo lo referente a  conocimientos sobre la piel.

Mis primeros pasos, ya siendo podóloga, los hice en un instituto de belleza y luego atendiendo una pequeña clientela.

Me instalé en un consultorio propio y fui agregando conocimientos a mi lugar:  practicas hospitalarias, laboratorios con los cuales convenía trabajar para respaldarme en la venta de los productos. Seguí creciendo.

Traté de formar un equipo, pero no resultó, Me di cuenta que perdía clientes y decidí continuar sola hasta el día de hoy. Reforcé mi idea que nada mejor que el Centro estuviera atendido por su dueña.

Utilizo una estrategia distinta para diferenciarme de la gran competencia que tengo a mi alrededor: la atención personalizada. También, uso buenos productos, que son el “caballito de batalla”  de la mujer.
Si bien atiendo hombres y mujeres, los primeros todavía se abstienen de utilizar el servicio con más frecuencia.